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En días pasados pensaba en las ironías de la vida. Cuando somos niños nos morimos de ganas de ser jóvenes para ser como ellos y hacer muchas más cosas, tener bigotes para vernos y sentirnos hombres hechos y derechos y de igual manera les pasa a las niñas, que anhelan ciertas formas de vida de las jóvenes que desearían realizar. Cuando llega la juventud, quisiéramos ser jóvenes adultos, con independencia de todo tipo, para que nadie nos mande, hacer lo que deseamos hacer, viajar, comprar lo que tenemos en mente, a fin de cuentas será adquirido con nuestro dinero y así; aspiramos a ciertas experiencias que nos parecen muy deseables, queriendo adelantar el momento de ser adultos.
Cuando llega la vida adulta, creo que metemos un poco más el freno, aunque a algunos nos ha pasado desear estar en la posición de personas de mayor edad para poder tener un patrimonio similar, mayor tiempo para viajar y disfrutar con la familia y los amigos, pero sin duda, el tiempo presente nos parece a la mayoría un constante devenir, fluir de horas y minutos que apenas van marcando el fin de semana, ya es momento de iniciar otra más; acabamos de celebrar la navidad y ya estamos en vacaciones de verano. No se si a ustedes les pase, pero a mí y a varias personas que conozco también.
La ironía que sugerí al principio es que cuando se llega a una mayor edad, se vuelve la vista atrás y se quisiera tener la misma experiencia y recursos, pero con la mitad de la edad actual y por supuesto con el vigor y la salud que nos da la juventud. Nunca estamos satisfechos, casi siempre anhelamos estar en otra etapa de la que estamos, así seamos niños o adultos mayores, el fenómeno es similar.
En todo este caminar por nuestra historia, vivimos, nos relacionamos anhelamos, construimos, soñamos y en muchas de nuestras acciones y planes, no necesariamente conseguimos lo que buscábamos. Iniciamos proyectos, terminamos otros y sin duda, la vida no es una novela que podamos escribir y que siga nuestros dictados o el guión preestablecido. Al contrario, la vida es impredecible en muchos casos y circunstancias, lo que si es cierto es, que para lograr objetivos y metas hay que poner en ellas nuestra pasión, nuestra perseverancia y todo el empeño posible. De esa dedicación, de esa continua práctica e insistencia se tornarán posibles muchos planes y sueños, aunque algunos de ellos no se realizarán tal y como pensábamos. En esos momentos de desilusión, por lo que no logramos realizar, habrá que recordar las vidas de otras personas que han luchado como nosotros, porque no sólo los resultados y objetivos cumplidos dan la felicidad en la vida, el sólo hecho de atreverse a soñar, planificar, arriesgarse a vivir la vida lo más cercanamente posible a lo que deseamos, nos dan una gran satisfacción. Cómo solía decir el afamado ex basquetbolista Michael Jordan, no hay que tenerle miedo al error, a las equivocaciones; de ellos provienen las enseñanzas más valiosas y más útiles en nuestras vidas.
Agradezco de nuevo a Icela Zamora Reyes por otra reflexión que me envió, en la red la encontré publicada por varias personas y grupos con el nombre de “Uno Crece” que la disfruten mucho, al igual que un servidor.
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