Dr. Jekyll y Mr. Hyde
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La Bella y La Bestia
Tantos títulos para hablar de una parte de la realidad y de nosotros que ha sido llevada a la pantalla, al teatro y dentro de la Literatura Universal ha quedado consignada en muchas obras, poesías, novelas y narraciones muy diversas.
Los dos principios de todo, el Ying y el Yang, el bien y el mal, lo positivo y lo negativo; esa dualidad que todos experimentamos es parte cotidiana de nuestra vida, desde que nacemos hasta que morimos. ¿Quién no ha amado alguna vez? ¿Quién no admite haber experimentado la ira y el odio también? ¿Tendríamos los hilos en la mano para poder entendernos y definirnos como personas de bien o como personas malas?
No es sencillo plantearse estas preguntas ni contestarlas de forma absoluta, por eso en tantas obras como la historia del Dr. Jekyll y Mr. Hyde o en La Bella y la Bestia y tantos otros relatos (me quedo con estos por ser muy conocidos) se narra la experiencia del ser humano, que transita, se desliza entre dos territorios muy cercanos, la bondad, la maldad, el egoísmo o la generosidad, es muy difícil vivir permanentemente instalado en alguno de estos territorios, como también es difícil juzgar los hechos de nuestra vida y de los demás bajo la óptica de blanco y negro, casi siempre hay tantos matices que desconocemos y ubican cada circunstancia e historia de formas insospechadas.
Tenemos una ventaja muy grande mientras vivimos y estamos comprometidos con reinventarnos continuamente, podemos cambiar, podemos al menos mejorar respecto al día de ayer. Como leí alguna vez de la pluma del teólogo Lenardo Boff, mientras sigamos en este mundo, existiendo y experimentando a través de un cuerpo histórico, podemos escoger el amor o el odio, el bien o el mal. No siempre escogeremos correctamente, es muy difícil, si no imposible vivir en un perpetuo equilibrio, siempre estamos en movimiento y a través de esas alternancias, de esa lucha dialéctica, nos vamos construyendo y consolidando como seres humanos.
A todos aquellos que alguna vez nos ha atormentado el no ser perfectos, el fallar, el mentir, el engañar, el traicionar, el ser indiferente a los demás, el ser cínicos y no inocentes; siempre existirá mientras tengamos un aliento de vida, la posibilidad de intentar comenzar de nuevo, construirnos otra vez, como hacen los pájaros al ver su nido destruido por una tormenta o por manos humanas.
Alguna vez leí, no recuerdo el autor, que Dios nos ve, contemplando toda nuestra vida de un vistazo, así que lo que El ve, no son sólo esos pequeños actos que realizamos, sino la foto completa de toda una vida de lucha o abandono, de entrega o claudicación, de encuentros y desencuentros, la orientación permanente de toda una existencia. Fuera maravilloso, que tuviéramos la capacidad de valorar de esa forma a las personas. ¿No les parece?
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Basta un minuto para hacer un héroe, pero se necesita toda la vida para hacer un hombre de bien – (Paul Brulat) – Comentarios
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