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Se ha expuesto desde diversos enfoques, en foros económicos, políticos, académicos y culturales, que vivimos en una era que junto con la globalización ha generado un entorno de competencia inusitada y de proporciones crecientes.
El diseño de las economías de muchas naciones parte o se sustenta en la creencia de que “Tenemos que competir para poder sobrevivir”. Los planes de desarrollo económico de estos países están anclados en la premisa anterior y de igual forma, los planes de formación para el trabajo y la formación universitaria tienen el mismo enfoque dotar a los estudiantes de más herramientas y estrategias para poder competir en un mundo globalizado.
Creo que de alguna forma estamos confundiendo una característica peculiar de la era contemporánea con la visión que nuestra sociedad debería tener a futuro. Actualmente tenemos mayor información aportada por la ciencia, contamos con más herramientas tecnológicas para optimizar el trabajo y la producción de bienes y servicios. También vivimos en un momento histórico en el que nuestros medios de comunicación y de transporte han cambiado nuestras formas de vivir, divertirnos, viajar, trasladarnos e intercambiar información, bienes y capacidades humanas. Todos estos cambios han catapultado una mayor competencia, una mayor velocidad con que se dan los intercambios en todo el mundo, pero si nuestro destino como humanidad sólo se encuentra en una creciente competitividad técnica y científica, estamos apoyando entonces el postulado evolutivo de Darwin que planteaba sólo la supervivencia de los más fuertes y aptos.
¿Quién puede marcar el criterio para cuantificar el valor de los seres humanos y sus obras? ¿Sólo los economistas, las grandes potencias y corporativos que imprimen un ritmo en el mundo de los negocios? ¿Qué valor tiene una obra de arte, el valor de la palabra humana? ¿Quién puede ponderar la riqueza cultural que aporta cada ser humano y sus países? ¿Qué aporta una persona con capacidades diferentes en un mundo volcado a la generación de riqueza, bienestar y confort? Creo que cada ser humano, es parte de la respuesta y a pesar de las desigualdades sociales y económicas de nuestro mundo todas las voces tendrían que ser consideradas y participar en la construcción de la realidad.
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